En la época de Cervantes, la "olla" u "olla podrida" era el plato que vertebraba toda la semana. Es lo que actualmente se denomina cocido. Se comía casi a diario y, para gran parte de la población, constituía el único alimento. Existían muchas recetas para elaborarla (básicamente se trataba de cocer distintos tipos de carne con garbanzos y algunas verduras). Dependiendo de si se era más o menos rico, la olla tenía más o menos carne (en el siglo XVII, la vaca era más barata que el carnero y casi no se consumían animales jóvenes como ternera o cordero).
Las otras recetas son secundarias: el salpicón era un plato de restos del cocido que consistía en mezclar carne con sal, vinagre, aceite, pimienta, ajos y especias; los duelos y quebrantos eran una cena ocasional con productos de matanza; las lentejas, son el remedio el día de vigilia; y el palomino, es una paloma joven, un lujo que sólo se podían permitir los dueños de palomar.
Aparte de este menú semanal, Cervantes recoge en El Quijote un extenso recetario de la cocina manchega. Esta cocina está basada en una economía agropecuaria que toma como base los productos naturales de cada comarca. Son platos con alto valor nutritivo, es decir, con sustento, para que labradores y pastores tuviesen energía para realizar sus faenas.
La cocina manchega actual es casera, variada y sabrosa. En ella todavía se reconoce su origen rural y pastoril y se mantiene respeto a la calidad y variedad de materias primas.
fuente: http://edu.jccm.es/ies/garcilasodelavega/